Migas dulces madrileñas

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    ¿Cuántas veces habremos visto el árbol que acompaña al oso en la Comunidad de Madrid? ¿Nunca os habéis preguntado de qué árbol se trata?

    Voy a dedicar este post a uno de los árboles que cultiva mi padre en su terraza y al árbol más característico de Madrid: El madroño.

    Para comenzar, he investigado sobre este fruto que al parecer no valoramos lo suficiente.

    El madroño es el fruto de un arbusto denominado “Arbutus Unedo“, de hoja perenne color verde oscuro, originario de los litorales de la Europa meridional, aunque su gran adaptabilidad al clima lo hacen estar presente en varios puntos geográficos. Florece durante el otoño y que tarda alrededor de un año en madurar, por lo que coincide, entre mediados de octubre y diciembre, la floración con la recolección de los frutos. Los frutos de forma esférica, cuando están maduros presentan un fuerte color rojo anaranjado y el color de las flores son rosa palo e incluso blancas.

    madro_os

    (Fuente: propia)

    Los usos del madroño son muchos; es antiinflamatorio, antibacteriano, rico en pectina (rebajando así el colesterol en sangre), y también tienen propiedades que ayudan a la regeneración capilar. A pesar de estas propiedades, el uso más conocido que se le da a este fruto es en la cocina, aunque sepan amargo y sean algo insípidos.

    Son ricos en azúcar invertido, pectina y ácido málico, por lo que suelen emplearse para elaborar gelatinas, mermeladas y confituras, aunque también pueden consumirse crudos. Cocinados y con ingredientes cuidadosamente seleccionados es ideal para aderezar carnes.

    Este fruto, cuando está maduro, contiene un 10% de alcohol invertido, por lo que antiguamente solían utilizar este fruto para elaborar orujos y vinagres.

    Hace poco, leí en el ABC un breve artículo muy entretenido sobre por qué no hay casi madroños en Madrid, de Borja de Jorge Cavañeras, que de verdad recomiendo leer, no sólo para aumentar nuestra cultura, si no por la manera tan jocosa y ocurrente en la que está relatada este artículo: http://www.abc.es/madrid/20140918/abci-madronos-madrid-201409171640.html

    Para culminar, os estaréis preguntando a qué viene el título de esta entrada.
    Pues bien, el otro día recogí de la terraza de mi casa unos cuantos madroños con la intención de cocinar un bizcocho de este fruto. Al sacarlo del horno, la masa del bizcocho no había subido lo suficiente y al servirlo en una bandeja se me destrozó. Lo que no sabía era que, lo que parecía una catástrofe, se convirtió en una creación culinaria.

    La textura del bizcocho era esponjosa, de sabor dulce, pero a la vez se notaba el aroma del madroño aún habiéndolo emulsionado con azúcar suavizando su amargo característico. Pero visualmente ¡PARECÍAN MIGAS!

    Lo emplaté y este fue el resultado… ¡un verdadero engaño para los sentidos!

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    (fuente: propia)

    La cocina potencia nuestra imaginación y creatividad. Antes de tirar alimentos, pensemos en cómo sacarle partido y “dar la vuelta” a nuestro plato para que quede digno de un ¡QUIERO REPETIR!

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